El catálogo sale de dos sitios que no se parecen en nada: un registro público obligatorio y las webs de las fundaciones privadas, una a una.
Lo público: la Base de Datos Nacional de Subvenciones
Todas las convocatorias de las administraciones públicas españolas tienen que publicarse por ley en la Base de Datos Nacional de Subvenciones, la BDNS. De ahí sale el grueso del catálogo. No entra todo: se importa lo que admite personas jurídicas sin actividad económica y se reparte en concurrencia competitiva. Se quedan fuera las ayudas a empresas, a ayuntamientos y a particulares, y los convenios que ya salen con el beneficiario puesto, porque una entidad del Tercer Sector no puede pedirlos.
Lo privado: las fundaciones
Para lo privado no hay ningún registro obligatorio donde buscar. La lista de fundaciones que convocan de verdad está hecha a mano y comprobada una a una: entra la que tiene localizada su página de convocatorias en su propia web. Es una parte pequeña del catálogo: la inmensa mayoría es dinero público.
Cada cuánto se actualiza
La BDNS se barre cada madrugada, y en dos pasadas: una busca convocatorias nuevas de los últimos siete días y otra vuelve a pedir la ficha de todo lo que sigue vivo, para ver si se ha movido una fecha, un importe o un documento. Los domingos se repasan noventa días hacia atrás, porque la BDNS publica a veces con fecha atrasada. Una vez al día y no más: fecha lo que publica por día y sin hora, así que mirar veinticuatro veces devuelve lo mismo que mirar una.
Lo que obliga es siempre la convocatoria oficial. Cada ficha enlaza a las bases, a la sede electrónica y a la ficha de la BDNS: antes de presentar nada, hay que comprobarlo allí.
De cada organismo y de cada fundación hay además su propia ficha de financiador, y lo que trae cada convocatoria se cuenta en la ficha de una convocatoria.