Los interruptores están arriba del todo de la pantalla de Avisos, y son tuyos, no de la entidad: el aviso es de la entidad, pero el buzón es de cada uno. Apagar uno no deja a tus compañeras sin él.
- Resumen diario por correo. Si lo apagas sigues teniendo los avisos en la campana y en la pantalla; lo que dejas de recibir es el correo. Está contado en El correo diario.
- Cambios en lo que sigo. Fechas, bases, aperturas y resoluciones de las convocatorias que seguís o gestionáis.
- Recordatorios de plazo. Cierres, justificaciones, alegaciones y resoluciones previstas.
Las preferencias filtran al leer, no al escribir. El aviso se crea igual para la entidad y cada persona ve lo que ha pedido ver: si tú apagas los plazos y tu compañera no, el recordatorio sigue ahí para ella.
La antelación del cierre
Debajo de los interruptores eliges avisar del cierre con 3, 7 o 14 días de antelación. Este ajuste es de la entidad y lo comparte el equipo: el recordatorio es una fila compartida y no puede existir a catorce días para una y a tres para otra. Cambiarlo lo cambia para todas. Y sea cual sea el número, el día antes se avisa siempre.
Hay avisos marcados como urgentes —cierra hoy o mañana, vence el plazo de alegaciones— que las preferencias no filtran: llegan aunque tengas apagados los recordatorios de plazo. Lo que urgente no significa es «al momento»: salen en el correo de la mañana como los demás, solo que los primeros y con el asunto cambiado.
Guardar sin avisos no sirve de mucho
Guardar una convocatoria es, sobre todo, pedir que la vigilemos. Con cambios y plazos apagados a la vez, esa vigilancia no llega a ninguna parte, y el panel lo dice en vez de callárselo: la campana deja de enseñar la lista y pone «No tienes los avisos activados», con un botón para encenderlos; y al guardar una convocatoria sale un aviso flotante, «Guardada, pero no te avisaremos», con el mismo botón.
No es que no pase nada: es que no se te cuenta. Por eso la campana no dice «Nada nuevo» cuando los tienes apagados, que sería mentira.